viernes, 4 de diciembre de 2009

A Papá Noel...

Querido Papá Noel:

Soy yo, Agustina. Hacía ya demasiado tiempo que no te escribía una carta. Será porque dejé de creer. Dejé de creer en la magia de esas cosas que no sabemos si están ahí, como las hadas hermosas o los duendes simpáticos con gorritos de colores, pero que de todos modos creemos hasta cierta edad y luego olvidamos. El año pasado ví la alegría en las caras de mis primos menores y debo admitir que extraño esa inocencia, ternura y credulidad que tenía cuando pequeña. Extraño esperarte, extraño asombrarme con los regalos, extraño sentarme en tu regazo y que me preguntes si me porté bien o mal, que me escuches con atención y que me hagas cantar una de las canciones del jardín de infantes. Siempre te había pedido juguetes... hasta hoy. Lo que realmente quiero este año es:

  • Toda mi familia sentada alrededor de una mesa, sin discusiones, sin peleas y sin llantos.
  • Ver los fuegos artificiales con mi papá, como hacía cuando era chiquita.
  • Sacarme muchas fotos y tener muchos recuerdos de ese día.
  • Que los regalos no aparezcan hasta después de las 12, cuando te voy a estar esperando.
  • Que mi abuela venga y disfrutar un poco con ella.
  • Que todos mis amigos pasen la noche más hermosa, en familia.
Gracias por leer la carta de una nena un poco crecidita que dejo de creer que las cosas que no se ven, no necesariamente no existen.
Saludos desde la ciudad que lleva tu nombre,
Agustina.

PD: Papá Noel, Santa Claus, San Nicolás o como te digan en las diferentes culturas... Espero que puedas cruzar el mundo en una noche.

lunes, 13 de julio de 2009

Plaza del recuerdo

Me fascina estar con mis amigos. Me alegran el día. Los amigos son así, son impredecibles. Las cosas que hacés son únicas y marcan la diferencia. Por eso, en estos aburridos días de aislación a causa de la Gripe A N1H1, no evito estar con ellos. Hemos armado un grupo: Valentina, Victoria, Sol, Lucía y yo, y siempre nos juntamos entre nosotras. El 7/7/09 fuimos a la plaza Sarmiento, la más hermosa en primavera en todo San Nicolás, la más fría en verano a causa de sus enormes árboles, la más divertida en invierno y la más concurrida en otoño. Un día estupendo, sinceramente.

Esa plaza tiene un secreto escondido en cada rincón. Algún día se los voy a contar, cada uno de ellos es especial y diferente. Esa plaza estuvo en mi memoria desde que eramos chiquitos de 6 años e íbamos a andar en bicicleta por sus callecitas internas. Y ahora, de más grandecita con el doble de la edad que tenia por ese entonces, la veo con nostalgia pensando en como cambió y como no cambió.

Ahora está más colorida, con sus juegos recién pintaditos de colores vivos, las viejas hamacas de madera reemplazadas por otras de una lona o tela fuerte para resistir las más largas competencias de salto. Con sus viejos arboles, los mismos de hace alrededor de 100 años pero marcados con liquid paper. En alguno de ellos deben de estar nuestros nombres. En primavera, los árboles se llenan de color. Algunos con flores lilas, otros con flores amarillas. En las bulliciosas noches de verano se ilumina con ese carrousel, esa calesita a la cual tantas veces me subí y hace unos años agregaron rejas y unas camas elásticas a sus costados.

En una parte hay algo parecido a un monumento, unas columnas partidas, supongo que a propósito por el corte que hay en una de ellas. Abajo, hay un cuartito. Aún recuerdo cuando eramos chicos y decíamos que ahí adentro había desde las más siniestras y variadas criaturas del más allá hasta los más hermosos lugares llenos de lujuriosos cuadros y túneles con alfombras de terciopelo rojo que llevaban a un enorme palacio bajo tierra. Una vez, nos encontramos con la puerta abierta. Muchos de nosotros jugamos a ver quien era más valiente para ir y tocar la puerta. Al fin y al cabo descubrimos que ese cuartito no era más que unas simples paredes hechas para guardar cosas de mantenimiento como escobas y una bicicleta del hombre de mantenimiento. Perdió sentido tocar esa puerta y sentarse detrás de un árbol escondiéndose de los posibles peligros que de allí surgirían preparados para correrte por cuadras hasta que te subías al karting en el que te esperaban tus amigos, que en ese momento te parecía algo similar a un tanque de guerra de tan pesado y difícil de mover que era.

Esa plaza es especial porque antes creíamos que estaba hecha sobre un cementerio y eso la hacia más tenebrosa. Es especial porque está en el recuerdo y en la mente de cada persona que fue, cada nicoleño, como mi mamá y cada argentino o no argentino que dio con esa plaza y allí se quedó. Es especial porque cada persona cree que es suya, aunque realmente sea de todos. Es especial porque siguen yendo chicos y seguramente alguno de ellos, en el futuro, les va a contar a sus hijos lo mismo que yo pienso contarles a los míos: las historias de la plaza Sarmiento, la plaza del recuerdo.

domingo, 5 de julio de 2009

Una amiga.

Tengo una amiga de aquellas. De esas que son especiales. De esas que encontras sólo una vez en la vida. Esta amiga que encontré, no está conmigo. Es decir, está conmigo pero a la distancia. Yo, en mi casa en San Nicolás y ella, en la suya en Buenos Aires.
Esta amiga que encontré estuvo, está y estará por siempre. Mi madre, hace 13 años atrás, empezó una tradición sin siquiera saber que yo la quiero mantener y continuar. Eligió a una persona noble, sensata, cariñosa, comprensiva, en fin, la mejor de todas, para que sea mi madrina. Mari, la mejor de todas las madrinas del mundo. No sé si es porque es mía pero ella es la mejor. A su misma vez, mi madrina eligió a la mejor madre del mundo (la mía) para que sea la madrina de su propia hija. Fue algo mutuo. Una amistad las unió, y esa misma amistad, quiso que yo encontrara una amiga.
Camila, mi hermana de sueños, chistes, acertijos (¿te acordás del BLOBBLES?), felicidades, tristezas, enojos, amaneceres, atardeceres, lenguajes extraños, caídas de la cama en el entrepiso, chapuzones y miles de cosas más... Camila, la mejor de mis amigas, mi hermana del alma, la hermana que nunca tuve, la que elegí con el corazón para que lo sea.
Saben, es extraño tener una amiga allá y otras acá. Cuando necesito alguien que me suba el ánimo llamo a Victoria, Valentina o Sol... pero aún así, la emoción que me da reconocer su voz, la de Camila, en el teléfono, es única. Comienzo a saltar sobre la cama, en el piso, me subo al espacio que hay en la pared del cuarto de mis papás... Además, cuando chateo con ella, ella se convierte en mi mundo. El único mundo posible en todo el universo infinito punto rojo.
Tengo en mis manos un libro. Uno de los tantos libros que he leído y me hacen acordar a ella. Se llama "Sólo para amigas". Me gustaría transcribir un poco del mismo, si no les molesta.


*Definición de una buena amiga:
Una buena amiga es alguien que te hace sonreír. Una buena amiga es alguien a quien siempre te alegras de ver. Una buena amiga es alguien con quien es divertido estar, que escucha, que ríe, que quiere, que brilla, que comprende.
Creo que en el diccionario tendría que aparecer la definición de una "buena amiga" (y a su lado, como el mejor ejemplo, podría estar tu fotografía).

Una verdadera amiga se queda en tu corazón:
La distancia no puede borrar de mi mente el recuerdo de tu rostro. Cuando se encuentra una verdadera amiga, nunca se la olvida. Por el contrario, ella constantemente te transforma, continúa viviendo en tus pensamientos y deja una huella imborrable en tu corazón.
La amistad es llamarse por teléfono y escribirse cartas, y es también atravesar juntas la vida.*


Una pequeña anécdota es lo que me queda para contar:
Cami, ¿te acordás cuando fuimos al Abasto? Ese día, el 10 de Octubre del 2005. Por ese entonces nosotras teníamos 9 años y entraríamos solas, por vez primera, al Museo de los Niños. Una verdadera aventura, considerando un lugar tan grande y dos niñas solitarias entre alrededor de 100 niños de todas las edades. Llegamos al lugar, acompañadas de mis padres. El viaje fue un tanto divertido... ¿un tanto? Fue uno de los mejores viajes de toda la existencia. Vimos el "Argenchino", un almacén de dudosa reputación. En fin, cuando llegamos al Museo de los Niños el horario durante el cual menores podían entrar solos ya había terminado. Nos conformamos con ir a los jueguitos, al Sacoa... aunque no estoy muy segura de que realmente haya sido un Sacoa. Jugamos a todo lo que quisimos, ganamos boletos y nos dirigimos al mostrador a canjear nuestros premios. Conseguimos unas colitas para el pelo, dos lapiceras, dos anotadores y dos planchas de stickers de esos que son peluditos. Todo igual. Las mismas cosas. Los boletos que no gastamos los usamos para comprarles dos colitas de osito para Martina, la hermana de Camila. Lo mejor fue que había un juego que nosotras no entendíamos y un chico se acercó a ayudarnos. Yo empecé a dar vueltas alrededor de la mesita mientras el chico intentaba seducir a Camila con el típico "Sos muy linda. ¿Querés que te ayude?". Camila se hizo la indiferente y le dijo "A ver pibe, ayudáme porque esta cosa no anda". El chico, al verse derrotado le dijo "Sos tan linda como tu hermana (refiriéndose a mi). Mirá, tenes que apretar ese botón y después hacer girar esa perilla...". Cuando Cami me lo contó, no pude resistir la risa. ¿Y saben que tengo de recuerdo? Un papelito de ese anotador escrito que dice "Agus y Cami, Amigas x 100 pre, Te quiero" escrito con la fea letra que yo tenia en esa época. En la parte de atrás escribí "Hecho el día 10/10/05".
Lo guardo como un tesoro, justo como a nuestra amistad.

martes, 30 de junio de 2009

Aprendizaje

En estos días aprendí.

Aprendí que la vida no siempre es color de rosa. Aprendí que hay cosas injustas. Aprendí que un buen amigo puede subirte el animo en 5 segundos o en algunos casos, casi instantáneamente. Aprendí que siempre va a haber cosas buenas y cosas malas. Después de todo... Así es la vida, ¿no?

La vida tiene un aprendizaje continuo. Nadie nace sabiendo. La vida es un proceso lento de aprendizaje. Muchas veces duele, otras no tanto. De eso se trata. Todos deberíamos ser positivos. Siento una gran alegría cuando me pasan cosas buenas. Pero cuando pasan cosas malas, no hay que quedarse sentados y no hacer nada. Hay que pararse sobre la silla, levantar los brazos y decir "Yo puedo". Todos podemos hacer lo que deseamos. Todos somos especiales en algún modo.

Hay personas que dan consejos. Pero hay diferentes tipos de personas que dan consejos.
  1. Hay personas que dan buenos consejos porque han pasado por tu misma situación o conocen a alguien que la transitado.
  2. Hay personas que dan malos consejos porque no saben expresar lo que piensan con palabras.
  3. Hay personas que dan buenos consejos haciéndose los sabihondos cuando en realidad no saben nada, pero aún así sus consejos son buenos.
  4. Hay personas que dan malos consejos porque simplemente nos saben lo que dicen.
  5. Y por ultimo, hay amigos.
Un amigo realmente no se interesa por sobresalir dando un consejo. Simplemente lo da. No importa si es bueno o malo. Lo tomas o lo dejas.

La vida es un aprendizaje continuo.
Transitémoslo juntos.

domingo, 28 de junio de 2009

Volvamos...

Hacía mucho tiempo que no me dedicaba a escribir... La ultima vez que lo hice se me borró todo y no tenía más ganas de volver a redactar mis pensamientos. En realidad, esa es una excusa que me inventé después de comprender el motivo verdadero por el cual no había escrito en mucho tiempo. La verdad es que... me faltan amigos.


La vida es dura. A veces, las cosas cambian para bien. Otras para mal. Los amigos hacen que esos días feos se desvanezcan. Sujétalos fuerte, no los dejes ir... no te deseo lo que nos está pasando a nosotros.

Encontré nuevos amigos durante este año. Aprendí a ver amigos donde antes solo había compañeros. Así fue como de un día de estar riéndome con mis dos mejores amigas, pasé a un día en el que encontré la satisfacción de reírme junto a muchos más. Lo quiero decirte es que este año nos cambió mucho. Pasé de llevarme muy mal con mis compañeros varones a amarlos como hermanos y ganar muchas amigas nuevas.

Debería estar disfrutándolo... ¿no te parece? Pues no es así. Perdí a una gran amiga este año. Y aunque gané muchas más personas que espero que estén conmigo toda la vida, esa persona que se fue sigue faltándome. Estoy cansada de eso. Porque cada vez que hago algo, ella me mira con cara de "Uy, sos re estúpida, ¿por qué haces eso?" y ya me canse de seguir aguantándome la bronca, a pesar de saber que una estúpida y simple frase que me diga con una sonrisa basta para que me olvide de todo y la perdone. Sabiendo de sobra que me encierro en mi cuarto, pongo el nuevo CD de los Jonas y cuando escucho Turn Right las lágrimas asoman solas, mientras trato de convencer a mi mejor amiga por chat que no vale la pena gastar lágrimas por ella. A mi me parece que eso es hipocresía. ¿Y a vos?

Nunca me había puesto a pensar en cuanta razón tienen a veces esos dichos que escuchamos casi toda nuestra existencia. Es increíble como una estúpida situación puede hacerte dar cuenta de que es lo que está pasando en tu vida. "No sabes lo que tienes hasta que lo pierdes". ¿Lo has escuchado alguna vez? Yo creo que si. De seguro más de una vez. Tiene toda la razón. No sabés lo que es tener un verdadero amigo hasta que lo perdés, no sabés lo que es tener una verdadera conexión con una persona hasta que esa conexión se corta, no sabes lo que es disfrutar de ir a la casa de tu mejor amigo hasta que de pronto ya no sos bienvenido... ¿Querés que siga la lista? ¿No? ¿Será porque sabes que es verdad?

La verdad es que la extraño, extraño a mi mejor amiga Juli, extraño a mi hermana de secretos, mi hermana de chismes... Ahora la veo y ya no es más la que era antes. Las personas cambian, así como las relaciones que tenemos entre los amigos. Algunas se fortalecen y otras se desvanecen y quedan ahí, ocultas en algún lugar de tu mente hasta que alguna foto vieja, una frase ya dicha anteriormente o alguna situación ya vivida las saca a relucir. ¿Y sabés qué? Eso duele. Duele en el alma, en el corazón. Y como diría Mafalda, parada sobre el banquito que arrastró hasta el baño enfrente del botiquín con una curita en la mano: "¿Cómo diablos hace uno para pegarse esto en el alma?". ¿Llorar solo? ¿Conseguir nuevos amigos? No sirve nada. Nada reemplaza esos momentos vividos, esas alegrías y tristezas compartidas que disfrutamos y padecimos mientras la niñez se nos iba de las manos y la amistad que tan fuertemente construimos se ve derribada por una bomba de algún sádico masoquista. Pasan los años y de pronto descubrís que el "sádico masoquista que destruyó nuestra amistad" era ni nadie más ni nadie menos que tu mismísimo amigo, ese que perdiste en medio de la batalla que es la vida.

Por eso es que pregunto: ¿Qué nos pasó? ¿Es justo que la gran amistad que nos unía se haya desvanecido así como así? No, no lo es.Volvamos a ser los de antes, pero sin perder los lazos que conseguimos en la ausencia de otros. Sin rencores, sin odio, ni celos. Piensen en esos grandes momentos que pasamos juntos y que no se van a olvidar: Carlos Paz, actos, campamentos, cumpleaños, fiestas... Hemos vivido juntos más de la mitad de nuestras vidas, ¿vamos a arruinarlo ahora?

Los mejores años de nuestras vidas siguen corriendo, y nosotros nos quedamos atascados en el medio por un simple y enquilombado incierto. No dejemos que eso nos pase, por favor, te lo pediría de rodillas. Te pediría que seas mi amigo, que no seas falso...

Los amigos que tenes ahora son para toda la vida.

Piénselo bien.
Recuerden, busquen fotos de antes, cuando todos éramos amigos.
Las sonrisas todavía eran reales.

PD: Juli, espero que hayas leido hasta acá. Espero tu comentario o tu llamada.