lunes, 21 de junio de 2010

Una parte de mi.

El sábado tuve la oportunidad de ir a ver Toy Story 3 con algunos de mis amigos. Estábamos Ivonne, Federico, Nicolás, Ana, Valentina y yo, Agustina. Quizás no les importen los nombres pero si alguno de ellos está leyendo esto quiero que sepan que es de ellos de quienes estoy hablando.

Había esperado ver Toy Story 3 desde que tengo memoria, tantas veces habían dicho que la iban a sacar y se hizo esperar tanto que al final deje de preocuparme y llegué a pensar que Pixar se había olvidado de esos pequeñitos que soñábamos con una secuela para ver nuevamente a nuestros juguetes favoritos. Se hizo esperar 11 largos años.

En ese lapso de tiempo yo cambié muchísimo. Pase de tener los terribles 3 años a tener mis hermosos 14 con una libertad que antes no tenía. Me mudé muchas veces dentro de Buenos Aires hasta que me vine a vivir a San Nicolás donde estoy desde mis 6 años. Dejé de soñar con la fiesta de quince para cambiarla por un viaje a Disney, porque siempre había sido mi sueño y una gran parte de mi. Cambié mis tacos de plástico por mis zapatillas John Foos y el vestido de princesa por los jeans y las camisas. Corté mi pelo largo y dejé de dejar que mi mamá me lo planchara para dejarlo libre con mis naturales rulos cayendo por mis hombros, porque es hasta ahí donde llegan por lo corto que está. Cambié mi guardapolvo verde y zapatillas blancas por mi uniforme regular de jumper, chomba, sweater y zapatos náuticos. Cambié de amigos, de vida... Hasta dejé de lado ese inseparable rosa para dejarle lugar al hermoso celeste que ahora me acompaña como color favorito. Cambié mis gustos musicales, mis libros favoritos... Pero algunas cosas todavía me acompañan como ese amor pasional por la lectura y la música o esa locura irracional de escribir mis propias historias o también ese amor al astronauta y el sheriff que significan casi todo para mi.

Porque Toy Story me enseñó que la vida es mejor con amigos, me hizo apreciar lo que tengo y a no desear lo que no. Porque Toy Story siempre fue una parte de mi.

Y es por eso, que en esa sala de cine media descuidada, sentada en primera fila y con alguna clase de tortícolis por estar tan adelante, una niña me habló dentro mio. Me dijo que me extrañaba, que me necesitaba, que seguía ahí sentada en ese cuarto viejo esperándome para jugar a las muñecas o para que yo le lea un cuento como los de antes para irse a dormir. Me dijo que no entendía las series que yo miro ahora o los libros que leo, que no comprendía porque me pongo tan feliz de que ese chico que veo siempre me salude, que se sentía fuera de lugar cuando yo abrazo a un varón que no es parte de la familia y que se incomodaba cada vez que le digo "Te amo" a cualquiera de mis amigos ya sea mujer o varón. Y en cierto modo la comprendí, supe de que me hablaba. Todo lo que yo era cambió muy rápido y esa niña pequeña que cantaba Bandana y soñaba con ser arquitecta quedo oculta bajo la sombra de una adolescente que canta The Beatles y quiere ser periodista de espectáculos. Me sentí tan mal que me permití derramar algunas lágrimas en mi fuero interno y decidí que esa dulce pequeña que alguna vez había reconocido como parte de mi misma no debía quedarse sola. No lo merecía, porque algunos de los mejores recuerdos me los había dado ella y me había permitido quedarme con una amistad increíble que perdura a pesar de la distancia. Porque yo soy una versión grande de ella, no ella una versión 11 años menor que yo. Porque la necesito para recordar quien soy y saber a donde voy. Porque ella es parte de mi, de mi corazón y de mi vida.

Recuperé ese niño interno que todos tenemos y soy capaz de coexistir con ella. Me permito ser grande pero a la vez pequeña.