martes, 29 de marzo de 2011

Decisiones y miedos

"¿Qué quieres ser cuando seas grande?" me pregunta ella, detrás de sus lentes. Me han hecho esta pregunta millones de veces. No puedo decir "no sé", sería un suicidio seguro. Estaría arriesgando la nota de mi examen oral de Inglés. Practiqué tantas veces y sé exactamente lo que tengo que decir pero las palabras no salen de mi boca. No quiero mentir. No puedo explicarle a esta mujer lo complicado que es. No tengo ninguna certeza. Algunos la tienen, desde que nacen quieren ser doctores, arquitectos, maestros... Yo no. Recuerdo que a mis 5 años quería ser arquitecta. A los 6, bailarina de danza clásica. A los 8, abogada. A los 10, publicista. A los 12, licenciada en marketing y recursos humanos. ¿Y si por aquellos momentos estaba tan segura, por qué a mis 15 no lo estoy?

La mujer se acomoda los anteojos y balancea su lápiz entre sus dedos índice y pulgar. Se está impacientando. Y yo, sigo sin poder responder.

No puedo dejar que ella lo note. No puedo dejar que nadie vea mis inseguridades, mis sentimientos. Si alguien los ve, quizás los perdería para siempre. Tengo tanto miedo. Miedo a todo. Miedo al fracaso, miedo al éxito, miedo a no llegar jamás. Quiero escapar. Escapar a un lugar seguro. Un lugar en el que todo esté bien, que no tenga que preocuparme por nada. No puedo dejar que ella note el miedo que tengo. Por eso me escondo atrás de una personalidad inventada. De pronto soy segura, soy feminista, soy capaz. Me inclino hacia ella con una sonrisa cómplice. Y me vuelvo a quedar en blanco. De mi boca no salen las palabras ensayadas, sino una verborragia incontrolable de verdades absolutas. "No sé. Quiero trabajar de algo que me guste, que me de placer. Desearía ser periodista o directora de cine, una vida detrás de las cámaras. Ser feliz por lo que hago, no por lo que gano ni por lo que soy. ¿No es lo que todos queremos?". Se inclina hacia atrás en su silla, fascinada por la idea. Sus ojos parecen refulgir en silencio. Y de un momento a otro, se apagan. Levanta su lápiz y continua preguntándome trivialidades. Se escuda detrás de sus libros y hojas de evaluación que debe corregir. Los libros que la mantienen segura. Los libros que le muestran un camino fácil. Fuera bicho, fuera, yo elijo otro camino. Sigo asustada, pero ahora con una certeza sobre mi destino.

martes, 22 de marzo de 2011

Días de escuela.

Martes 22 de Marzo del 2011.
Suena la alarma alegre con su tonada característica de los martes a las 6 de la mañana; "That's all" de Genesis. Maldita. A veces creo que la muy estúpida se rie de mi. La apago apurada y me quedo unos minutos más. Prendo la luz, busco el uniforme y vuelvo a apagar la luz. Mi papá se levanta y se va a bañar. Me cambio con la luz apagada. Me quedo acostada. Papá sale apurado, faltan 20 minutos para entrar a la escuela. Voy al baño, me lavo los dientes y me pongo los aros que me saqué ayer porque me pinchaban mientras dormía. Me pongo la cadenita, se enrieda en el pelo, la saco y me miro en el espejo. Soy la viva imagen de Simba, en el Rey León. Me peino precariamente, armo mi mochila y salgo de mi casa. Me subo al auto y vamos camino a la escuela escuchando a Pettinato. Me bajo, entro a mi salón. Hablo cosas que nunca me acuerdo, muchas veces bien podría haber asegurado la existencia de elefantes rosas y nunca me acordaría. Mi compañera de banco y mejor amiga entra. Pasa la primera media hora. Mi amiga me desata el pelo para hacer una media cola. Sigue pasando el día. Salgo a las 11 porque mi profesora de Física no viene.

No puedo asegurar que esto es vida, pero lo unico que puedo decir, es que es mi vida y la verdad, no me imagino ninguna otra.

De sobra

¿Viste cuando una se siente de sobra?
Bueno, así me siento.