jueves, 20 de marzo de 2014

Primeros Pasos

En menos de un mes, estaré empezando la Universidad. No sé como sentirme, creo que todavía mi cerebro todavía no entendió lo que está pasando. Estoy más emocionada por ir a ver a Fall Out Boy en mayo que pisar un salón de clases en abril. Y es raro, porque esta incertidumbre parece la antesala a mis primeros pasos.
Mamá y Papá ya no están ahí para llevarme de la mano hasta la entrada, o esperando a que yo salga. Mi mejor amiga ya no se sentará conmigo durante las interminables clases y me hará reír cuando siento que estoy a punto de dormirme sobre el banco. Las profesoras que conozco desde hace años ya no me saludarán cuando entro. Nunca más usaré mi uniforme. Adiós a las faltas por Incumplimiento del Reglamento Interno al tener las uñas pintadas o el pelo suelto. Es demasiada libertad para mi, y no, por favor, sáquenmela de encima, no quiero crecer, Mamá todavía te necesito, Papá no me sueltes.
Y si para mi es duro este cambio, irme a otra ciudad a estudiar y que mi casa ya no sea más mi casa, no quiero imaginarme lo duro que es para mis viejos, que siempre estuvieron al costado del camino, mirando con atención para agarrarme si yo llegaba a trastabillar. Porque yo crezco, sigo, me adapto, conozco nuevos amigos, aprendo nuevas cosas... ¿y ellos? Ellos se quedan en casa, ahora con un cuarto vacío, esperando al fin de semana para verme de nuevo y sostenerme en sus brazos como cuando era chiquita. Ellos comen solos, ellos no escuchan más mi voz, ellos no se sientan más conmigo a ver películas de Disney, ellos no acuden a mis llamados cuando, oops, me olvidé la toalla cuando entré a bañarme o, carajos, no llego a la lata de duraznos en almíbar que está alto en la alacena.
Quizás sea lo mejor. En algún momento tengo que crecer y ellos tienen que dejarme crecer. No seré su "bebé" toda la vida, por más que quiera serlo. Pero aunque esté dando mis primeros pasos sola, sé que ellos seguirán estando ahí, al costado y con los brazos abiertos por si llego a caer, listos para agarrarme y mecerme como siempre hicieron, hasta que el dolor se pasa, los raspones están curados y lo único que importa, es el sonido de sus voces arrullándome hasta dormirme.