miércoles, 11 de marzo de 2015

Miedo

Sé lo que es el miedo. Lo veo todos los días. Puedo reconocerlo fácilmente. Vive dentro de mí y a mi alrededor. Nos empuja hacia adelante o nos hace retroceder. Pero mis miedos no me definen.
Lo veo en mi madre. Ella está, oh, tan aterrada. Sus miedos la paralizan. Necesita su pequeña pastillita feliz. A veces, no puede siquiera funcionar sin ella. Ella los enfrenta sin enfrentarlos.
¿Pero yo? Yo, yo le digo que no las pequeñas pastillitas felices. El miedo se apodera de mí mientras me sacudo y tiemblo y me convierto en una bolita en la esquina de alguna habitación. Se vierte sobre mí. Me golpea. Me consume. Demanda ser sentido. Y aunque a veces el miedo amenaza con controlarme, sigo diciendo que no. No hoy. Yo soy mía. Yo tengo el poder, no el miedo que se ríe como un maniático, bailando alrededor de mi cabeza llena de pensamientos oscuros.
Yo peleo. Me levanto cada día y peleo. No me paraliza. Puede pensar que me está ganando pero al final del día, cuando me río mientras lloro, cuando respiro con dificultad y canto lo más alto que puedo tratando de que el miedo retroceda, se da cuenta que nunca puede ganar. No ahora, no nunca. Cuando me levanto, cansada de la pelea, las rodillas débiles y la mente zumbando con el silencio que viene luego de una tormenta, sonrío.
Sé lo que es el miedo. Lo siento creciendo dentro mío. Vive dentro de mí y a mi alrededor. Me usa como bolsa de boxeo. Me tira a un costado y me desecha. Pero no le temo al miedo. Porque estar asustada, eso no me define.

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