viernes, 6 de noviembre de 2015

Familia

Pasamos meses sin vernos, sin saber nada el uno del otro. Pero cuando nos juntamos, la familiaridad nunca se va.

Son años de conocernos, de vivir la vida juntos. De reír, de llorar, de sufrir, de disfrutar, de sentir. Son caídas, golpes, levantadas y arrastradas. Hay días y noches, comidas y horas de estudio. Porque llegamos y nos abrazamos como si fuéramos hermanos. Nos vamos y avisamos si llegamos a nuestras casas bien. Yo me como la pizza que vos dejaste y vos te comes mi aceituna. Te robo el cargador del celular porque sé que ni te molesta. Te sacan vasos, salen a tu balcón, se tiran en tu sillón y se adueñan de tu tele. Y a vos no te importa porque prácticamente todo lo que es tuyo le pertenece al otro y viceversa. Son anécdotas viejas a la una de la mañana y son peleas que terminan en risas. Me siento arriba tuyo porque sos mi mejor amiga, le compartís tu vaso porque es tu mejor amigo. Rompemos servilletas en dos porque no alcanzan y repartimos porciones de brownie en partes iguales.

Es una sensación que no se compara a nada. Es un hogar lejos de casa. Doce años de transitar la vida juntos. Dos de transitarla separados. Y unas pocas horas de nostalgia hacen que las distancias valgan la pena. Porque siempre seremos familia. Y siempre seremos la promoción 2013.

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